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Juegos Olímpicos del 68, primeros donde una mujer encendió el pebetero

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Enriqueta Basilio en los Juegos Olímpicos del 68

12 de Octubre del 2018 UNAM TV Azteca

Era su meta en la vida, dice en entrevista, dado que en ese año 1968, el mundo occidental se encontraba en plena efervescencia de un movimiento por los derechos de la mujer.

Ciudad de México, 12 de octubre.- Los Juegos Olímpicos de 1968 fueron los primeros en toda la historia, en los cuales una mujer portó la antorcha con el fuego olímpico para después depositarlo en el pebetero del estadio universitario. Esa tarea le fue encomendada a la atleta bajacaliforniana, Enriqueta Basilio, quien cumplió el último relevo y recorrió la pista. 

Era su meta en la vida, dice en entrevista con la UNAM, dado que en ese año 1968, el mundo occidental se encontraba en plena efervescencia de un movimiento por los derechos de la mujer. 

Subió decidida y con elegancia los 90 escalones hacia el pebetero, saludó al mundo, por los cuatro puntos cardinales, y depositó el fuego para encenderlo y arrancar el alarido del público que abarrotaba las gradas del Estadio Olímpico Universitario. 

“No sólo prendí el fuego olímpico, encendí el corazón de las mujeres”, reflexiona Basilio Sotelo después de cinco décadas de haber ingresado a la historia olímpica, en su regreso a la UNAM, sentada al pie de ese pebetero que la marcó de por vida. “Me tocó ese privilegio, como mujer, como representante de la mujer mexicana, como la mujer del mundo”, asevera Queta Basilio mientras voltea a ver las tribunas del Estadio Olímpico Universitario, como si todavía escuchara los aplausos de la gente. 

“A partir de entonces hubo muchos cambios para las mujeres, por nuestros derechos, por la justicia, por la igualdad, por la solidaridad, y todos los valores que representa el respeto a una mujer”, añade. 

En su recorrido hacia ese pebetero que le cambió la vida, llegó un momento en el cual no escuchaba el estruendoso marco que había en el Estadio Olímpico Universitario, sólo se concentró en subir las escaleras y encender la llama. 

“Mis padres estaban en la entrada, mi mamá muy nerviosa, yo creo que no me vio porque estaba rezando el rosario, mi hermana tomando fotos”, relata Basilio Sotelo, en el mismo escenario en donde hace 50 años inauguró los primeros Juegos Olímpicos realizados en un país latinoamericano. 

“Mi responsabilidad más grande era subir la escalera (rumbo al pebetero). Recuerdo a los compañeros aquí, el saludo del Presidente, la curva de los 200 metros donde me bloquearon los compañeros deportistas (tomando fotografías).

Los niños scouts me abrieron el paso unos metros antes de subir la escalera y cumplí con mi misión”, sentencia orgullosa de ese momento. 

“Al poner el pie en el primer escalón, me bloqueo completamente, mi concentración era total, no escuchaba ningún ruido ni veía a la gente que estaba tan cerca de mí a los lados”, detalla acerca de ese momento tan especial para el deporte y la sociedad a nivel mundial. 

“Fue extraordinario, pero no alcanzaba a comprender qué es lo que estaba haciendo yo ahí. Después, te vas dando cuenta, cuando viajas por el mundo y te reconoce alguien, es maravilloso”, complementa. 

Enriqueta Basilio asegura que también había otros significados en el hecho de que una mujer encendiera el fuego olímpico: “La lucha por la justicia, por la solidaridad, por no seguir permitiendo que nos sigan rechazando o haciéndonos menos, también en el deporte, ahora el deporte no es amateur; es profesional, por donde quiera que lo vean”. 

“Era mi meta en la vida. En el deporte no pude seguir para Múnich 1972 por conflictos con las autoridades deportivas”, subraya.

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