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Angelita de 108 años es la mujer más longeva de Acapulco y se siente libre como ave

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anciana

14 de Mayo del 2019 Notimex TV Azteca

Ha vivido muchas experiencias bonitas y también trágicas.

Ángela Gómez Hernández, de 108 años de edad, es la mujer más longeva de Acapulco y a pesar de presentar un desgaste físico, afirma sentirse como golondrina, una mujer libre que nada la detiene.

Angelita, como le dicen de cariño, vivió el esplendor del puerto en la época de oro del cine mexicano, además, enseñó inglés y francés a sus vecinos para que atendieran en la playa a los turistas extranjeros. Ella dice que en esa época era “el ajonjolí de todos los moles”.

Con su voz afónica, la mujer centenaria describe que a sus 108 años ha vivido muchas experiencias bonitas y también trágicas, como la muerte de sus dos hijos, así como la separación de su esposo, temas de los que poco recuerda y que no le gusta hablar.

 “Le agrada poco platicar de sus hijos, pero me contó que su hija murió a los nueve años cuando vacacionaban en el puerto de Acapulco, mientras que su niño de ocho meses pereció por una enfermedad.

"A raíz de eso -continúa Belém Magaly Pérez, su vecina, la relación con su esposo ya no funcionó, no aguantaron el dolor y se divorció y cuando trabajó en la Secretaría de Hacienda viajaba mucho al puerto y aquí se enamoró de un clavadista que murió en el 89”.

Sentada en su silla de ruedas, Angelita, quien nació el 2 de agosto de 1910, se distrae con un crucigrama y disfruta de la bonita vista de la bahía de Acapulco en la casa de sus vecinos Estrada Pérez, personas que se han convertido en su familia pues desde hace un año vive con ellos.

Belém contó a Notimex que el año pasado las fuertes lluvias destruyeron el techo de la casa de la centenaria y mientras se reparaba, la llevó a su hogar para darle alojamiento por algunos días, sin embargo, la estancia ya es permanente.

Angelita se ha adaptado bien en la convivencia con su nueva familia, pues tiene la compañía de las hijas de Belem, así como de un conejo y de un perro. Los Estrada Pérez le cumplen sus antojos comprándole su malteada de chocolate, su refresco y sus chocolates. Ella es la consentida de la casa.

La mujer más longeva de Acapulco vivió en la Ciudad de México, donde trabajó por muchos años en el Departamento de Presupuestos de la Secretaría de Hacienda, dependencia en la que se jubiló.

Durante los fines de semana la mujer viajaba mucho a este destino de playa para descansar, sin saber que aquí conocería a Panchito, como ella lo nombra con su voz bajita y afónica. Panchito, un clavadista muy famoso, sería el hombre del que se enamoraría y con el cual viviría en unión libre hasta que él murió en 1989.

En la época del cine de oro, ella conoció a María Félix, Mario Moreno “Cantinflas” y al actor Germán Valdés “Tin Tan”, quienes se la pasaban en la zona tradicional y turística de La Quebrada.

Belém dijo que una vez Angelita le describió que cuando los clavadistas realizaban su show, “Tin Tan” pasaba con su sombrero a pedir la “cooperacha”  a los turistas nacionales y extranjeros, para después comprarles cosas a los deportistas.

Cuando Angelita llegó a vivir en el barrio de Las Crucitas, que se ubica cerca del zócalo y La Quebrada de Acapulco, formó parte de un grupo católico local por más de 40 años y perteneció hasta los 100 años de edad a las Damas Voluntarias del Instituto Mexicano del Seguro Social  (IMSS).

Además, su vecina afirma que la adulta mayor recuerda que era, como se dice coloquialmente el “ajonjolí de todo los moles”, pues al llegar al puerto fue una de las pioneras en dar clases de danzón.

Además, como sabía inglés y francés, asesoraba a la gente para que aprendieran lo básico de estos idiomas y se fueran a la playa a trabajar, pues en la época del cine de oro el turismo extranjero estaba en su apogeo.

Belém dijo que Angelita le comentó que cuando vivía en la Ciudad de México practicaba deportes como el alpinismo, natación y basquetbol. Inclusive hoy, le aconseja a ella que haga actividades físicas.

La mujer centenaria comenta que gracias a su buena actividad deportiva, a sus 108 años no le duelen las rodillas y no tiene enfermedades crónicas degenerativas.

“Su movilidad es poca, pues sólo se levanta de su silla de ruedas y camina, aunque  tiene una obsesión por tomar mucho refresco de cola, malteadas, chocolate”, comentó Belém, quien agregó que su hija, Yoselín Estrada, enfermera de profesión, es quien se encarga de atender a la señora.

 A sus 108 años, Angelita se considera una mujer saludable que le gusta las platicar por las mañanas y cantar canciones católicas.

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