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Células sobreviven tras la muerte y podrían ayudar a solucionar crímenes

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Pena de muerte

29 de Mayo del 2018 Notimex TV Azteca

Hasta el momento se conoce que no mueren enseguida las células que reaccionan al estrés, a las bacterias, virus y sustancias que extrañas y dañinas, así como aquellas que producen inflamaciones y cáncer, pero se ignora la causa.

29 de mayo (Notimex).- Las células sobreviven por breve tiempo luego de que el cuerpo fallece, pero se sabe poco o casi nada sobre qué sucede a nivel celular tras la muerte.

Hasta el momento se conoce que no mueren enseguida las células que reaccionan al estrés, a las bacterias, virus y sustancias que extrañas y dañinas, así como aquellas que producen inflamaciones y cáncer, pero se ignora la causa.

En 2016, los científicos descubrieron que aunque el corazón dejó de latir, no haya registros de ningún tipo de actividad cerebral y no se respire, hay un período de conciencia en el que se es capaz de reconocer que se ha muerto.

Estudiar por qué de ese periodo, podría servir para calcular el momento exacto del fallecimiento, lo que mejoraría los cuidados a los órganos que se donan para trasplantes, e incluso explicar porqué algunas personas que reciben órganos están en riesgo mayor de desarrollar cáncer.

Además, serviría a la criminología, ya que la hora precisa de fallecimiento sería una prueba más fehaciente. También es importante investigar la actividad de los genes en los tejidos que únicamente pueden obtenerse después de a muerte.

Para saber por qué esas células prevalecen cierto tiempo, los científicos estudiaron más de mil genes de peces cebra y ratones durante cuatro días después de su muerte.

Descubrieron que las células que reaccionan al estrés, las que producen inflamaciones y cáncer, así como las que dan una respuesta inmune aumentaban su nivel de actividad.

En la actualidad no hay suficiente información como para saber con exactitud por qué, pero según la revista Science, hay algunos estudios que analizaron 36 tipos de tejido humano de nueve mil muestras obtenidas de personas muertas, y hallaron que los genes de los músculos se volvían locos en comparación con la de los tejidos del brazo y las expresiones cerebrales que eran "estables".

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