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Esclarecen cómo funciona el mecanismo neural que nos permite percibir el tiempo

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14 de Mayo del 2018 UNAM TV Azteca

"En realidad no se sabe bien cómo hace el sistema nervioso para cuantificar intervalos, algo fundamental para el lenguaje y la música", explicó el científico Hugo Merchant.

México, 14 de mayo.- José Emilio Pacheco pedía en uno de sus poemas “no me preguntes cómo pasa el tiempo”, pero para científicos como Hugo Merchant, del Instituto de Neurobiología (INB) de la UNAM, en el campus Juriquilla, este tipo de asuntos merecen una respuesta y por ello, desde hace seis años busca entender la neurofisiología de la percepción temporal o, en otras palabras, cómo percibimos el tiempo.

“Y es que en realidad no se sabe bien cómo hace el sistema nervioso para cuantificar intervalos, algo fundamental para el lenguaje y la música, o para practicar un deporte, bailar o coordinar los movimientos del cuerpo. Para todo eso es preciso temporalizar la conducta y predecir eventos futuros, aunque ignoramos los mecanismos neurales subyacentes”, explicó el académico.

Para entender este proceso, Merchant y un equipo conformado por Germán Mendoza, Juan Méndez, Oswaldo Pérez y Luis Prado, también del INB, entrenaron a un par de monos Rhesus (Macaca mulatta) a fin de que categorizaran si estos eran cortos o largos, basados en una regla aprendida previamente.

“Utilizamos a estos simios debido a que su capacidad psicométrica es muy parecida a la humana, pero entrenarlos no fue sencillo: nos tomó sesiones de tres horas diarias, de lunes a sábado, durante poco más de un año. Al final los primates eran capaces de manipular un cursor y, cuando percibían un lapso corto lo movían hacia un marcador anaranjado, y si consideraban que era largo, a uno azul”.

Sobre el porqué de esta estrategia, el universitario detalló que se evitó emplear botones, como se estila en los demás laboratorios del mundo, a fin de desasociar la dirección del movimiento para que así el macaco no relacionara corto con izquierdo y largo con derecho, pues esto hubiera contaminado los resultados, como ha pasado con indagatorias similares. “Esto marcó una gran diferencia”.

Para Merchant, emprender este trabajo era imperativo, pues “no es tan difícil comprender cómo hacemos distinciones entre blanco o negro, o frío o caliente, aunque con algo tan sutil como el tiempo y el decidir si un periodo fue extendido o breve, las cosas no son tan claras. Hicimos este experimento a fin de entender cómo se da este proceso cuando nuestros límites categóricos son flexibles”.

Los resultados de este trabajo se publicaron en la revista Nature Communications, y una de las conclusiones a las que se llegó es que, a la hora de categorizar las duraciones, al igual que las personas, un macaco sigue la llamada Ley de Weber, es decir, al comparar dos estímulos si son pequeños basta una diferencia mínima para discernir entre ellos; si son grandes, la discrepancia entre uno y otro debe ser mucha.

“Hay un ejemplo que me gusta para explicar esto: si tomamos un par de plumas, rápido sabemos cuál pesa pocos gramos de más, pero si cargamos dos rocas voluminosas, sólo notaremos algo distinto si una tiene muchos kilos de diferencia. Al graficar cómo los monos movieron el cursor elaboramos una curva psicométrica que nos mostró el mismo fenómeno: las pendientes fueron altas cuando se trataba de intervalos cortos, mientras que si eran largos eran menos agudas”.

A decir de Merchant, datos como éste y trabajos anteriores, como uno que él mismo publicó en la revista 2011 en la revista Frontiers in Integrative Neuroscience, muestran que al procesar estos estímulos los macacos y los humanos son muy similares, por lo que, muy probablemente, esta investigación puede arrojar luz sobre cómo percibimos nosotros el tiempo, o al menos hacer inferencias.

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